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lunes, 7 de septiembre de 2015
miércoles, 29 de julio de 2015
" LOS ARGENTINOS LO HACEN TODO A LO GRANDE... ¡HASTA LAS CAGADAS!"
Allá por el 83 tuve la feliz idea de volver a la Argentina con toda mi familia. La culpa, en parte, la tuvo Alfonsín que nos prometió a todos los argentinos que asistimos a su discurso en la Universidad que debíamos volver al país junto con la democracia. La otra parte de la culpa la tuve yo, que me dejé llevar por la nostalgia y el tirón de los años de niñez y juventud, no calculé que ni yo era aquel pibe ni que aquella Argentina era otra. Grave error de cálculo que suele suceder cuando se anteponen los sentimientos a la razón, pero la razón nunca cuadra con la Argentina. Si hay un modo de clasificar a ese país es con una palabra, que a pesar de los acérrimos defensores del idioma castellano, ya le impusimos a los españoles, por mucho que les duela...¡quilombo!. Y aunque a muchos patriotas argentinos que hacen del nacionalismo hasta una sinrazón, eso es Argentina, un hermoso quilombo donde te puede pasar de todo con la única garantía de que nunca te vas a aburrir por la monótona seguridad, ni las velocidades de crucero, ni el rumbo previsto, la planificación es una cosa provisoria como cuando de niños comenzabamos un cuaderno nuevo con buena letra letra y nos auto convencíamos con ser prolijos y aplicados hasta la última página, pero allá cambian de caballo en el medio del río, aunque los caimanes estén al acecho... y a la semana de comenzar la libreta nueva ya se vuelve a las chapuzas.
Recuerdo que para aquella época le mostraba a mi familia, todas las grandezas de la Argentina como para que se fueran enamorando del nuevo país. Compraba las manzanas más grandes, la mejor carne, les mostraban las fotos del río mas ancho del mundo, los llevé a las cataratas mas impresionantes y grandes donde las famosas Cataratas del Niágara se quedaban pequeñas como el chorro del grifo, las pampas interminables, las alturas imponentes de los picos andinos, así me pasé unos meses tratando de que mi esposa y mis hijos amaran ese país... pero ella puso la frase que me detuvo en seco...
"Los argentinos todo lo hacen a lo grande...¡hasta las cagadas!". Quedé mal herido, para que negarlo.
Pero las verdades por mas que duelan no dejan de ser verdades y con el transcurso del tiempo le tuve que dar la razón. La Argentina sufre un extraño mal de alturas, cuando sube se marea tanto que busca las profundidades del último socavón y no está tranquila hasta que el encefalograma extremista de su historia lo sacude del suelo al cielo y viceversa.
En el famoso "corralito" ese querido país estaba en el suelo, o el subsuelo, no había una moneda en las huchas del estado, no había nadie que apostara un mínimo crédito, no había dinero ni pagar un mes de jubilaciones, el neoliberalismo sin control había privatizado hasta las joyas de la abuela, el saqueo se había llevado hasta la soga de colgar la ropa al sol y el sol era del FMI, del club de París y de todos los acreedores verdaderos y arrimados, especuladores que no pudieron contenerse al llamado "a robar que hay que para todos". Hasta que ya no hubo más para robar... y como el cuento del pedo que popularizó Les Luthiers, nadie se hace cargo del pedo... que siempre es huérfano, lo mismo pasó con el país, nadie quería ese gaseoso presente. Pero la Argentina es grande y lo hace todo a lo grande y de muertos y bien enterrados...¡con un gobierno medio normal!...¡resucitó de entre los muertos! y volvió a crecer como no había crecido en muchos años y ya comenzaron a mirar el pico alcista del encefalograma.
Ahora le aparecen muchos padres al huérfano y todos quieren volver a ser los progenitores de esta Argentina que crece. Ahora vienen unas elecciones cruciales para el futuro de ese querido quilombo que algunos llaman país. Veremos si esta vez los argentinos se dejan de tonterías, de odios clasistas, de estilos, de racismo interno y votan por seguir mirando la cumbre que ya se visualiza o vuelven a darle el voto a los que se robaron hasta la soga de colgar la ropa, veremos si pueden detectar que el engaño no está en quien gobierna "sino en las políticas económicas que aplican". Los argentinos ya deberían saber que esto es una guerra que se libra todos los días y que cuando los medios de comunicacion internacionales y sus lacayos nacionales les cuentan de lo malo que es el gobierno, ese gobierno es bueno para el país. ¿Que hay que corregir?
...¡seguro!.. ¿que hay que exigir?...¡también!... pero el rumbo es bueno.
José Trillo Aran
Recuerdo que para aquella época le mostraba a mi familia, todas las grandezas de la Argentina como para que se fueran enamorando del nuevo país. Compraba las manzanas más grandes, la mejor carne, les mostraban las fotos del río mas ancho del mundo, los llevé a las cataratas mas impresionantes y grandes donde las famosas Cataratas del Niágara se quedaban pequeñas como el chorro del grifo, las pampas interminables, las alturas imponentes de los picos andinos, así me pasé unos meses tratando de que mi esposa y mis hijos amaran ese país... pero ella puso la frase que me detuvo en seco...
"Los argentinos todo lo hacen a lo grande...¡hasta las cagadas!". Quedé mal herido, para que negarlo.
Pero las verdades por mas que duelan no dejan de ser verdades y con el transcurso del tiempo le tuve que dar la razón. La Argentina sufre un extraño mal de alturas, cuando sube se marea tanto que busca las profundidades del último socavón y no está tranquila hasta que el encefalograma extremista de su historia lo sacude del suelo al cielo y viceversa.
En el famoso "corralito" ese querido país estaba en el suelo, o el subsuelo, no había una moneda en las huchas del estado, no había nadie que apostara un mínimo crédito, no había dinero ni pagar un mes de jubilaciones, el neoliberalismo sin control había privatizado hasta las joyas de la abuela, el saqueo se había llevado hasta la soga de colgar la ropa al sol y el sol era del FMI, del club de París y de todos los acreedores verdaderos y arrimados, especuladores que no pudieron contenerse al llamado "a robar que hay que para todos". Hasta que ya no hubo más para robar... y como el cuento del pedo que popularizó Les Luthiers, nadie se hace cargo del pedo... que siempre es huérfano, lo mismo pasó con el país, nadie quería ese gaseoso presente. Pero la Argentina es grande y lo hace todo a lo grande y de muertos y bien enterrados...¡con un gobierno medio normal!...¡resucitó de entre los muertos! y volvió a crecer como no había crecido en muchos años y ya comenzaron a mirar el pico alcista del encefalograma.
Ahora le aparecen muchos padres al huérfano y todos quieren volver a ser los progenitores de esta Argentina que crece. Ahora vienen unas elecciones cruciales para el futuro de ese querido quilombo que algunos llaman país. Veremos si esta vez los argentinos se dejan de tonterías, de odios clasistas, de estilos, de racismo interno y votan por seguir mirando la cumbre que ya se visualiza o vuelven a darle el voto a los que se robaron hasta la soga de colgar la ropa, veremos si pueden detectar que el engaño no está en quien gobierna "sino en las políticas económicas que aplican". Los argentinos ya deberían saber que esto es una guerra que se libra todos los días y que cuando los medios de comunicacion internacionales y sus lacayos nacionales les cuentan de lo malo que es el gobierno, ese gobierno es bueno para el país. ¿Que hay que corregir?
...¡seguro!.. ¿que hay que exigir?...¡también!... pero el rumbo es bueno.
José Trillo Aran
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