Hasta la llegada al poder del fallecido Nestor Kinchner la Argentina había sido un ejemplo de obediencia a los mandatos del FMI y hacía los deberes con la máxima prolijidad posible, sin embargo el seguimiento de sus políticas fue la gota que colmo el vaso, tras treinta años de destrucción paulatina de ese país, donde siempre mandaron los príncipes Andréi, los de adentro y los de afuera, lo que se llama por allá los "buitres" daban a nombre del país, créditos que muchos de ellos ni siquiera llegaron al país, al pueblo argentino solo le llegaban las facturas a pagar, esas estafas encubiertas detrás del nombre de prestamos, lo que empobreció a los habitantes y enriqueció a grandes empresas de dudosa moral, como son todas al momento de ganar dinero. Esta jugada de estafas programadas y "legales" se hizo durante años, no solo en Argentina sino a lo largo y a lo ancho de la América Ibérica.
Al momento de reclamar esas deudas se anteponen principios éticos que los acreedores no necesitaron al momento de hacer sus negocios y si bien es correcto pagar las deudas contraídas, no lo es que esas deudas las cancelen los pueblos, aunque hayan sido sus representantes quienes la contrajeron, ya que muchos de ellos ni siquiera fueron elegidos democraticamente. Ante casos como el de Argentina se elevan los discursos de la moral y se exige al "Cesar lo que es del Cesar", los que exigen suelen ser los mismos que permitieron los golpes de estado, o fomentaron la llegada al poder de presidentes "títeres" como aquel que tuvo Bolivia, que había vivido toda la vida en USA y ni siquiera conocía el país que presidió, o los mismos que hace nada, miraron para otro lado cuando un golpe de estado sacó del poder a Lugo en Paraguay, un presidente que había sido elegido por el pueblo y que son los mismos que hoy le dan consejos a España por boca de sus empleados en el FMI, o el Club de París o la madre que los parió, que son los que siguen al pie de la letra aquello de que "tengo mis principios, sino le gustan tengo otros", aunque en este caso sería mejor decir..."sino me conviene tengo otros", mientras tanto los pueblos, que al fin comienzan a enterarse de que va la cosa, comienzan a dar golpes con sus pómulos, su nariz y sus ojos a los puños de los príncipes del dinero, la corrección y las buenas prácticas comerciales. Argentina es un mal ejemplo, pero si hubiese muchos presidentes que se revelaran y dijeran ¡NO PAGO ESO! tal vez se lograrían cambios sustanciales en esta política de tiburones, pero para llegar eso se necesitan pueblos inteligentes y valientes que voten presidentes de ese tipo, y desgraciadamente hay mucho alcahuete e ignorante que se babean por la caricia de su victimario, que agitan banderas que no son la suya, que quieren copiar la vida y costumbres del primer mundo, sin darse cuenta que los logros de ese mundo que admiran está basado en los atracos a sus propios pueblos, que son ellos mismos los que pagan la fiesta de otros.
Por suerte no soy presidente de Argentina, pero si lo fuera, (otros peores lo han sido, como Galtieri por dar un ejemplo) pagaría la fianza establecida para liberar a la fragata Libertad y si eso no alcanza, buscaría la formular más viable de sacarla del puerto de Ghana, por las buenas o por las malas, no sería la primera vez que un comando militar entre en otro territorio a llevarse lo suyo, como hicieron los israelitas en Argentina para llevarse al nazi (Adolf Eichman, ), o los norteamericanos recientemente con la muerte de Bin Laden, o los belgas en África, lo que no sería nada difícil en un país como Ghana donde la corrupción funciona a toda máquina y tiempo completo. pero si todo esto no fuera recomendable por los expertos que asesoran a un presidente, incluso, sería mejor volarla en mil pedazos que pagar esa deuda, no solo saldría más barato que su mantenimiento, sino que reforzaría la idea de que el país "se puso serio para siempre" y si decidió no pagar esa deuda, pues no se paga, que no se cambia de caballo en medio del río. Ya se que muchos pensarán en el valor histórico y otros simbolismos, pero más se perdió en la guerra de Malvinas y parece que a nadie le quita el sueño.
Una gran parte del pueblo argentino, aún no quiere entender que el mundo "está guerra todo el tiempo", que una vez se ataca con dinero, otros con armas y otras con ideas, pero la supervivencia de los tiburones depende de no parar nunca de nadar y la búsqueda constante de peces distraídos.
No sé, así lo veo yo, pero sino le gusta...tengo más ideas.
Al momento de reclamar esas deudas se anteponen principios éticos que los acreedores no necesitaron al momento de hacer sus negocios y si bien es correcto pagar las deudas contraídas, no lo es que esas deudas las cancelen los pueblos, aunque hayan sido sus representantes quienes la contrajeron, ya que muchos de ellos ni siquiera fueron elegidos democraticamente. Ante casos como el de Argentina se elevan los discursos de la moral y se exige al "Cesar lo que es del Cesar", los que exigen suelen ser los mismos que permitieron los golpes de estado, o fomentaron la llegada al poder de presidentes "títeres" como aquel que tuvo Bolivia, que había vivido toda la vida en USA y ni siquiera conocía el país que presidió, o los mismos que hace nada, miraron para otro lado cuando un golpe de estado sacó del poder a Lugo en Paraguay, un presidente que había sido elegido por el pueblo y que son los mismos que hoy le dan consejos a España por boca de sus empleados en el FMI, o el Club de París o la madre que los parió, que son los que siguen al pie de la letra aquello de que "tengo mis principios, sino le gustan tengo otros", aunque en este caso sería mejor decir..."sino me conviene tengo otros", mientras tanto los pueblos, que al fin comienzan a enterarse de que va la cosa, comienzan a dar golpes con sus pómulos, su nariz y sus ojos a los puños de los príncipes del dinero, la corrección y las buenas prácticas comerciales. Argentina es un mal ejemplo, pero si hubiese muchos presidentes que se revelaran y dijeran ¡NO PAGO ESO! tal vez se lograrían cambios sustanciales en esta política de tiburones, pero para llegar eso se necesitan pueblos inteligentes y valientes que voten presidentes de ese tipo, y desgraciadamente hay mucho alcahuete e ignorante que se babean por la caricia de su victimario, que agitan banderas que no son la suya, que quieren copiar la vida y costumbres del primer mundo, sin darse cuenta que los logros de ese mundo que admiran está basado en los atracos a sus propios pueblos, que son ellos mismos los que pagan la fiesta de otros.
Por suerte no soy presidente de Argentina, pero si lo fuera, (otros peores lo han sido, como Galtieri por dar un ejemplo) pagaría la fianza establecida para liberar a la fragata Libertad y si eso no alcanza, buscaría la formular más viable de sacarla del puerto de Ghana, por las buenas o por las malas, no sería la primera vez que un comando militar entre en otro territorio a llevarse lo suyo, como hicieron los israelitas en Argentina para llevarse al nazi (Adolf Eichman, ), o los norteamericanos recientemente con la muerte de Bin Laden, o los belgas en África, lo que no sería nada difícil en un país como Ghana donde la corrupción funciona a toda máquina y tiempo completo. pero si todo esto no fuera recomendable por los expertos que asesoran a un presidente, incluso, sería mejor volarla en mil pedazos que pagar esa deuda, no solo saldría más barato que su mantenimiento, sino que reforzaría la idea de que el país "se puso serio para siempre" y si decidió no pagar esa deuda, pues no se paga, que no se cambia de caballo en medio del río. Ya se que muchos pensarán en el valor histórico y otros simbolismos, pero más se perdió en la guerra de Malvinas y parece que a nadie le quita el sueño.
Una gran parte del pueblo argentino, aún no quiere entender que el mundo "está guerra todo el tiempo", que una vez se ataca con dinero, otros con armas y otras con ideas, pero la supervivencia de los tiburones depende de no parar nunca de nadar y la búsqueda constante de peces distraídos.
No sé, así lo veo yo, pero sino le gusta...tengo más ideas.