En unas declaraciones recientes, Christine Lagarde,
presidenta del Fondo Monetario Internacional, decía que los griegos se
comportaban de modo inmaduro, mostrándose incapaces de reaccionar
adecuadamente ante los problemas que debían afrontar.
Este tipo de metáforas, que convierten realidades sociales,
políticas, incluso guerras, en asuntos del área del funcionamiento
psicológico, personal, son un procedimiento muy hábil para
hipersimplificar y manipular realidades complejas, y no constituyen
declaraciones sin más, dichas de pasada, sino que forman parte de un
lenguaje político muy bien estudiado y medido.
Como señala Lakoff, los conservadores americanos han
invertido miles de millones de dólares en estudiar la comunicación
política y han visto que este tipo de metáforas, hábilmente manipuladas,
como veremos, son de una gran utilidad para influir en la opinión
pública
El convertir la nación en sinónimo de una persona, de una
familia, con sus características psicológicas propias, conlleva
fácilmente el plantear que hay personas maduras e inmaduras, sanas y
enfermas…. Así, hay naciones adultas, las naciones industrializadas, y
naciones infantiles, inmaduras a las que se debe formar, si hace falta
con mano dura para que vayan de una vez por el camino recto. Alemania o
Estados Unidos son países fuertes, ricos, porque han sabido hacer sus
deberes. Por eso son grandes. Sin embargo, el pueblo griego, por
ejemplo, empobrecido e inmerso en enormes dificultades, es víctima de
su inmadurez, es egoísta, poco trabajador, díscolo, y hay que ponerle
en vereda a toda costa. Si este es el planteamiento, a quién pueden
importar las causas económicas, sociales y políticas que hay detrás del
drama griego?
Como señala Lakoff estas ideas se basan en el modelo
familiar conservador, en el que padre es estricto, exigente, y piensa
que el niño es de por sí vago, “malo”, indisciplinado, y necesita mano
dura para madurar. Si fracasa o tiene problemas, será por su culpa, por
dejarse llevar por su maldad, por no haberse esforzado lo suficiente. Y
no debe ser ayudado. Al contrario, eso todavía le reforzaría en su
gandulería e inmadurez. Debe ser severamente castigado. Si no, se
estaría premiando a los malos
Este tipo de metáforas fueron utilizadas con profusión por
los Think-tanks (laboratorios de ideas) conservadores en Estados
Unidos para justificar la guerra de Irak. Así, desde el partido
republicano se planteó que el pueblo iraquí era como un adolescente
rebelde, gamberro, al que había que educar, al que había que llevar por
la senda de la maduración, severamente si hacía falta. Como metáfora,
es muy discutible y hasta puede parecer ingeniosa. Pero junto a la
invención de las armas de destrucción masiva, este planteamiento sirvió
de justificación para una guerra colonial que supuso centenares de
miles de muertes y un sufrimiento humano inenarrable. Ahora se aplica la
misma metáfora del hijo díscolo e indisciplinado para justificar
hacer pasar por el aro de las políticas neoliberales al “inmaduro”
pueblo griego.