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| https://ctxt.es/es/20190911/Firmas/28283/Editorial-Sanchez-Iglesias-Rivera-elecciones-investidura.htm |
EE.UU., un pueblo perturbado
Gran
parte del pueblo norteamericano está actuando a partir de una sorda y
creciente desesperación, producto de la encerrona en la que lo está
acorralando su propio sistema de vida. Su reciente conducta electoral es
suficiente síntoma. Llegaron a las elecciones con candidatos que no los enamoraban y
terminaron instalando un presidente burdo, estrafalario, imprevisible y
peligroso. Una de las tantas paradojas que dispara esta situación es que
se supone que quien reivindicará a los trabajadores pobres y
desocupados será un multimillonario ultraderechista, ególatra e
individualista, al que nunca se supo que le interesaran los pobres.
Aunque quizás sea cierto, porque se supone –aunque no se dice– que
salvaría a esos americanos que están sin trabajo ni salario,
perjudicando a los trabajadores de los países más pobres y periféricos.
Es sabido que EE.UU., cuando se encuentra en aprietos, exporta sus
lacras a las naciones más débiles.El americano común sabe que EE.UU., la potencia N°1 del planeta, cuenta
hoy con 40 millones de pobres y que él, de la noche a la mañana,
sorpresivamente, puede ingresar en ese ejército.
También sabe que con la crisis de las sub-prime nueve millones de familias perdieron sus viviendas (y no olvida que esa fue una estafa gigantesca pergeñada por los grandes bancos, aquellos que supieron simbolizar un mundo severo de levita y galeras negras, que fuera otrora tan sólido, confiable y admirado).
Sabe que el 4 por ciento hiper-privilegiado de la población dispone del 78 por ciento de los bienes, riquezas e ingresos del país, y el 96 por ciento restante debe repartirse el 22 por ciento.
También sabe que con la crisis de las sub-prime nueve millones de familias perdieron sus viviendas (y no olvida que esa fue una estafa gigantesca pergeñada por los grandes bancos, aquellos que supieron simbolizar un mundo severo de levita y galeras negras, que fuera otrora tan sólido, confiable y admirado).
Sabe que el 4 por ciento hiper-privilegiado de la población dispone del 78 por ciento de los bienes, riquezas e ingresos del país, y el 96 por ciento restante debe repartirse el 22 por ciento.



