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martes, 23 de febrero de 2016

O serás lo que debas ser, o no serás nada.

Cualquier persona que se precie de ser, y no solo parecer, debe gozar y sufrir las consecuencias de su libertad de decidir, sin decisiones propias no se es otra cosa que un útil, una herramienta de uso, un peón destinado al sacrificio en el tablero de lo establecido, carne de cañón, un número de documento, quien no tiene la soberanía de la decisión, simplemente no es.
Lo mismo podríamos decir de un país que requiere de algunas bases de libertad de decisiones propias para tener una identidad que lo diferencie de los demás.
Cuando somos niños estamos en un tramo de formación y debilidad que nos lleva al inevitable papel de obedecer, casi ciegamente, a nuestros padres, maestros y profesores y todos los que se supone nos ayudan a crecer, y digo casi ciegamente porque solemos encontrar niños y jóvenes rebeldes a los que solemos denostar, y quizás sean brillantes avanzados que saben que algo anda mal, que se rebelan sin saber muy bien porque. Las personas solemos alcanzar la madurez, no por la edad biológica, sino cuando decidimos nuestra vida, guste o no guste a los demás, esto suele suceder porque ya nos hicimos preguntas incorrectas socialmente, cuando revisamos la educación recibida y cuando ya hemos comenzado a convertirnos en autodidactas personales, una auto-educación que una vez comenzada ya no tiene fin.
Los países como las personas deben revisar su pasado, para encarar un futuro mejor para los ciudadanos de hoy y de las próximas generaciones. Aunque la lucha por un futuro mejor nos amargue un presente de más luchas que placeres, pero es nuestro destino de todos modos, luchar siempre por un futuro mejor, porque el que no lucha ya está muerto y vencido por mas que respire y gaste sus días por muchos años. El mundo está lleno de muertos vivientes y de muertos que siguen vivos.
Un país que no es soberano de sus decisiones, que calla ante las injusticias, que ve como otros deciden su futuro, que se entrega mansamente al poder económico, político o militar. No es un país, es un niño, o un muerto viviente que se arrastra por los años de su historia gris y plana.
En ese niño obediente y sufrido se ha convertido España, y somo muchos, cada vez más, los que queremos y soñamos con una España, que no se deje llevar mansamente por las ordenes injustas, por los privilegios exclusivos para unos si y otros no, por los designios de una UE que nos dice como y cuando comer, como y cuando y con cuanto debemos disponer para cuidar de nuestros viejos o de nuestros enfermos. No me gusta esta España aniñada, que se dejar llevar de la mano y que acepta por parte de la OTAN el dictado obligatorio de quienes deben ser nuestros enemigos o conque amiguitos podemos jugar un rato en la plaza.
No lo sé, tal vez esté equivocado, pero...así lo veo yo.
José Trillo Aran.

padre e hija en el bosque de la primavera Foto de archivo - 17081710

viernes, 24 de julio de 2015

El peligro de apoyar lo establecido.

Vivir sin otra opinión que la establecida por la educación tradicional, sin poner nada en duda, en cierto modo conlleva a lograr una vida más facil, pues en la educación establecida están todas las respuestas, solo es cuestión de aceptarlas y luchar con los avatares normales de cada día, de cada año, de toda la vida. Vivir sin cuestionar lo establecido es un camino directo al aborregamiento. Aceptar que todo está bien o que lo que sucede es así porque siempre fue así. Considerar que nuestros padres y maestros eran sabios debe ponerse en duda, lo que no quita que uno los valore o los quiera y reconozca lo que con buena intención nos dieron. Ser conformista e ir de la mano de lo establecido es un modo de cobardía. La esclavitud era legal en épocas de Espartaco, pero estaba mal. El mundo era plano en la época de Cristobal Colón, pero estaban equivocados. Los millones de muertos por la peste amarilla no era porque los hombres eran castigados por Dios por sus múltiples pecados como aseguraba la Iglesia católica en el lejano siglo XV, algo que desmintieron unos científicos rebeldes. La historia del hombre debe seguír avanzando, pero esta historia no la hacen solo los líderes, como no ganó la batalla de las Termópilas el glorificado Léonidas, sino cada uno de los anónimos soldados, somos millones los soldados desconocidos que debemos serguir luchando para que la humanidad mejore, para hacer historia se necesitan los pequeños impulsos cotidianos, la labor de hormiga de esos invisibles luchadores, pero para eso, cada uno de nosotros debemos "bajar de la mata" y ponernos de pie y dejar de lado las creencias inyectadas a presión desde hace siglos, poner en duda las verdades eternas que pueden ser intemporales pero no precisamente verdades.
Cuando vivía en Argentina veía en todas las televisiones las largas colas de fieles que una vez al año pasaban dias acampando...¡con un frio que hacía tiritar! para entrar en la iglesia y pedirle a San Cayetano un trabajo, pero San Cayetano no tenía una agencia de trabajo temporal ni era ministro de trabajo, por lo tanto una cosa era la fe y otra la realidad y de nada vale la fe si la realidad no cambia. En España se encomendó la economía a la virgen del Rocío ¿a quien se quería engañar a la virgen del Rocío dándole una misión que no le corresponde o a los creyentes?, por mucho que la virgen se empeñe la economía no va cambiar y una vez más los creyentes deberán culpar del fracaso a los hombres, lo que es lógico, razonable y avanzado, poner al virgen en medio solo fue una perdida de tiempo. Debemos cuestionar todo lo aprendido, no es mucho pedir si razonamos que de no habernos cuestionado cosas, que de haber seguido adelante tal cual como estábamos, aún estaríamos en la edad del hierro y eso por no apuntar que el que inventó el hierro era otro loco investigador, un revolucionario que se negó a segur teniendo solo lanzas con punta de piedra, un piraó que hizo preguntas y que, seguramente, se tuvo que enfrentar a toda la tribu conservadora. Hay que seguir adelante y replantearnos todo, todo, todo, dar las gracias al pasado, pero buscar un futuro diferente a costa de cualquier esfuerzo o descalificación, luchando contra las historias que nos quieren seguir contando los medios de comunicación masivos, como antaño lo hacía la Iglesia. Dejarse llevar por lo que dicen los poderosos intereses establecidos es fomentar un estado de quietud, de agonía constante, de perdida de tiempo y de aborregamiento mental. Claro que costará mucho, por supuesto, pero si el mundo debe cambiar, nos necesita a todos y cada uno de nosotros...¡muy despiertos!.
José Trillo Arán.





jueves, 27 de noviembre de 2014

Para pensar...

" No pensar lleva a aceptar lo establecido...


 y que nada cambie.


Es justo lo que quieren los que te dominan


y te amaestran.


¡Se rebelde!