lunes, 10 de abril de 2017

Una religión un poco rara.

Extraña religión donde un Dios Todopoderoso no se ocurre una idea mejor que permitir que su hijo sea preso, torturado y crucificado.
Extraño Dios, para una religión donde se acepta, con toda naturalidad una prueba tan cruel de amor y temor como se le exigió al pobre Abraham, donde Dios le pide que entregue su hijo en sacrificio. Claro que a último momento apareció un ángel y le avisó que no lo haga... menos mal que el ángel llegó a tiempo...que si se lo cogía un atasco de tránsito celestial o terrestre. (Génesis 22.1.13)
Sorprendente y peligroso que los fieles se reunan en una misa para "beber la sangre de Cristo y comerse su cuerpo" por muy simbólico que sea, y que cuando el promotor de tan asquerosa invitación a la antropofagia lo anuncia, el resto diga... ¡Asi sea!.
Extraña religión donde sus ministros realzan ante sus fieles, el valor del sufrimiento, la sumisión y la calma en la espera de un más allá lleno de bienestar ante los sufrimientos terrenales que padecen, mientras su élite disfruta de todos los placeres terrenales y son una de las poderosas multinacionales en el reino de la tierra, que poseen millones de propiedades inmobiliarias en el mundo, que son un estado que cobra de otros estados, que ejercen una dictadura moral sobre miles de millones de personas, que firman tratados políticos con estados guerreros, para que los pueblos que profesan el catolicismo no sean aniquilados.
Extraña religión desde donde se intenta imponer su ética, su moral y su educación, y que cambiaron el sentido puro de aquellas palabras de Cristo "dejad que los niños vengan a mi" y que muchos de sus ministros las convirtieron en un lema de sus bajos instintos sexuales. Extraña religión donde se cobijan en sus filas miles de pederastas, que rara vez son castigados por la vía penal, dependiendo ese castigo de la conveniencia del momento o el país, y que el mayoría de los casos se dan por concluidos con una sanción eclesiástica.
Extraña religión para los pobres y sufrientes fieles que creyeron que la Iglesia seguía los ejemplos de  Jesucristo, hijo de un pobre carpintero autónomo y sin derecho a jubilación, que ven como los pocos curas obreros fueron asesinados, separados, o expulsados de la Iglesia, tal vez porque eran de izquierdas, tal vez porque luchaban codo a codo con los pobres, tal vez porque estaban hartos de ver tanta hipocresía en el "más acá".
Extraño mundo este, donde hay 6000 millones de personas de un total de 7.550 millones (datos del 2016), que profesan esta y otras extrañas religiones.
José Trillo Arán

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